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En nuestra vida cotidiana como seres sociales, se desarrolla un "hacer" que de forma equivalente, semejante, está compuesto por conocer, por recolectar imágenes, sonidos e ideas acerca de cada una de las experiencias que vamos viviendo. En nuestra vida en la ciudad, por ejemplo, nos creamos un sistema de permanencia y tránsitos que corresponde a nuestras actividades, y a través de la cotidianidad nos creamos recorridos e ideas, acerca del tiempo que tenemos y las distancias espaciales respecto de nuestra vida diaria (cuanto demoraremos en hacer e ir a un lugar u otro). De esta manera tenemos, construímos y vivimos a partir de una forma de organizar nuestro hacer en el espacio y el tiempo (la idea de psicogeografía tiene una gran semejanza con esta organización) y ello indica que hay un principio "conceptual" que influye en nuestra manera de construir la vida cotidiana. Si nos detenemos a pensar cómo se modifica este principio "conceptual" que nos permite organizarnos, podemos reconocer que las relaciones entre los ritmos de la vida cotidiana y el surgimiento de otros ritmos, el de lo inusual, el de lo eventual, nos marcan tanto las ideas que tenemos como las costumbres que generamos. El conocimiento del ritmo de la vida cotidiana es un conocimiento "transparente" respecto de su observación desde la misma rutina, y por ello para su conocimiento consideramos el uso de instrumentos de registro, como una forma de generar un espejo que permita entender los ritmos y de qué elementos están compuestos. Por la relación que tenemos con los materiales mediales (como la fotografía, video, grabación de sonidos) vemos que su función es necesariamente una función "territorializadora", y esto explica su situación siempre "constructiva" dentro de lo que es la generación de la propia identidad y actividad social. Si miramos una fotografía y nos gusta, la integramos en un conjunto de elementos a partir de los cuales realizamos nuestra construcción del propio espacio. La simple relación entre seleccionar imagenes implica un movimiento dentro de la organización de nuestra producción de espacio. Esto puede ser visto también como modificaciones en en "principio conceptual" desde el cual organizamos nuestra vida cotidiana. Entender las relaciones entre movimiento, acciones o gestos, como este "elegir una fotografía", y los diferentes conjuntos de acciones (contenidos en este "principio conceptual" descrito), nos permitiría entender diferentes niveles de movimientos respecto de las diferentes unidades que se manipulan. Las unidades definen movimientos y los movimientos definen unidades. Por ello, se puede pensar en el objeto multimedial como un objeto que carece de forma, o que cuenta con una forma flexible, compuesta por estos materiales multimediales, los cuales pueden ser ordenados por especies, y que están dispuestos para producir la "configuración" de los movimientos del usuario. |